Te superé sin dejarte, porque me quiero

 

Me dí cuenta de que ya no dolía, de que mi corazón había actuado antes incluso que mi cabeza. Había decidido, sin consultar con ningún otro órgano, y había empezado a trabajar; cuando me quise dar cuenta te estaba superando sin haberte perdido aún, fue extraño, una sensación de desorientación y tranquilidad como ninguna otra había aparecido. Sabía que tenía los ojos cerrados y que no me quería dar cuenta de que igual todo había llegado a su fin y no había manera de curar la herida que se había creado entre nosotros, e igual que lo sabía yo lo debía saber mi corazón porque tuvo la fuerza que yo no tenía y lo aceptó, asimiló que puede que no fuésemos para siempre que nuestro amor era finito igual que la vida en sí; se puso sus mejores galas y salió a la calle bonito, destrozado por dentro pero natural, y así me lo encontré un buen día, sabiendo que era fuerte, sin importarme nada ya, sin ganas de ampliar más el dolor que tenía, y sin lágrimas que llorar. Me asusté al principio, porque no estaba preparada para saber que volvía a estar conmigo misma, después de tanto tiempo, pero luego me gustó la tranquilidad y paz que sentí  por dentro, de solo culparme a mí misma por las cosas que me podían traer mal en mi vida, sin influencia de fuera, pensando y actuando por mí. Me entristeció, también, porque te quiero, me gustaba el equipo que formamos, y que aunque mi ser se crea que estoy solitaria, sigues estando en mi vida, porque solo lo he aceptado por dentro.

Se me ha olvidado mi prototipo contigo

“Y cuando hablo de crecer, hablo de crecer mientras me miras, mientras yo veo como lo haces tú, mientras te cuento mi historia cuando no estabas, y me descubres tu historia cuando yo estoy.”

Si viene ese rubio de ojos verdes, fornido y sonriente al que siempre he tenido como prototipo de hombre…No lo quiero, que se vaya a buscar a otra a la que invitar a pizza un domingo por la noche, como tantas veces me he imaginado. No quiero ni al tipo más parecido a mi prototipo de hombre, solo te quiero a ti.

Te elijo a ti antes que a un helado en una playa del Caribe, junto a un moreno, y te prefiero a ti antes que un masaje a manos de un guaperas cachitas, siempre a ti. A ti y a un café en una terraza de Madrid, a ti y a una cosa que contarte al oído, o a un cachorrito al que pueda acariciar mirándote con cara de pena. Solamente a ti, a ti y a todo lo que venga contigo, a todo lo que me gusta de ti, y a todo lo que me gusta contigo. A esa sencillez con la que haces todo, a esos ojos multicolor que me miran como nunca antes se ha mirado, y a esa caricia que desprende tu mano cuando va acercándose a mi mejilla; nada como cuando me dejas hacer el tonto y todo el mundo se nos queda mirando, “no te conozco de nada” y yo te doy un beso para que todos sepan que vas conmigo, nada mejor que ofrecerme un plan desinteresadamente, que sabes que me encanta, y hacerlo tuyo, dejarme abrirme con todos mis defectos y detalles, y clamar alivio cuando sano tus heridas y beso tus cicatrices.

No hay nadie como tú, y si lo hay, no lo quiero conocer de momento, déjenme disfrutar de la vida como es ahora, contigo a mi lado y haciéndome feliz. Que se queden todos los domingos que pasamos juntos achuchados, en el sofá o perdidos por algún lugar, que se queden todas las hamburguesas que nos hemos comido mientras nos enseñábamos lo más profundo de nuestro ser, y que jamás se vayan tus dedos dibujando figuras entre mi pelo. Con banalidades y sutilezas que hacen del día a día la vida, que perfilan la sonrisa para que siempre sea un poco más abierta, y que van escribiendo un libro que se leerá con un café bien calentito. Me has hecho amar lo que ya me gustaba, has ido empujando mis deseos y gustos a lo más alto de mi cabeza, y consigues alcanzarlos siempre que te lo propones. Has hecho que me crezca el mal humor, y que se me pase mucho más rápido que antes, por eso tendré más arruguitas a medida que vaya creciendo. Y cuando hablo de crecer, hablo de crecer mientras me miras, mientras yo veo como lo haces tú, mientras te cuento mi historia cuando no estabas, y me descubres tu historia cuando yo estoy.

Suena a tópico, pero te elegiría otra vez, dejaría los acontecimientos al mismo ritmo lento que empezaron, y volvería a dejarme llevar por los días de verano. Solo quiero que estés tú ahora mismo, presente y futuro, sin cambiar el pasado.

Los polos opuestos se atraen, pero poco tiempo

Nunca fui de las que se imaginan al amor de su vida. Igual por eso, cuando llegó, no se me pareció nada al hombre con el que pasar el resto de mi vida. Físicamente hacemos una pareja espléndida, pero qué es el físico cuando quieres llegar a los 90 años con la misma persona…Nada. No nos parecíamos y seguimos sin parecernos ni emocionalmente, ni energéticamente ni interiormente. Pero parece que nos compenetramos. Y estoy harta de oír eso de que los polos opuestos se atraen, ni soy un polo ni me pueden medir como material, así que no creo que esa frase sea cierta. Si de verdad unas personas somos polos positivos y otras polos negativos, me juego el cuello a que no estarían hechas para convivir juntas mucho tiempo; y es que, en realidad, necesitamos al lado a una persona que se parezca a nosotros, en ciertos aspectos de la vida, ya que llegará un momento en el que la convivencia se hará insoportable, las opiniones siempre discreparán, y hasta el ritmo de vida llevará distintas velocidades. Entonces no, los polos opuestos se atraen, pero durante una corta distancia en el tiempo. 

He aquí entonces, que me atraigas. Con tu vida tranquila y relajada, sin marcas de tiempo, sin apuntes en el calendario, sin planes más allá del hoy; con tu sencillez, tu felicidad de banco de parque con los amigos, tus domingos de ver una película que te ponga los pelos de punta, tus mañanas perezosas enredándote entre las sábanas lo máximo posible, y tu música para levantarte el ánimo. Todo lo contrario a mí, yo tengo mi vida ajetreada, a veces con márgenes de tiempo mínimo, con agendas y listas por todo mi escritorio, aunque sabes que organizarme siempre me relaja; yo que siempre necesito planes nuevos, locuras que hacer, sitios que visitar y no repetir la misma actividad del fin de semana anterior, con mi insistencia en madrugar aunque no tenga nada que hacer, mis domingos de perderme por Madrid y beber un café en alguna cafetería nueva y original, y mi manía de necesitar sentirme querida. 

Yo que soy de valorar los detalles de la gente, y tú las acciones, yo que no se poner límites cuando algo me gusta, y tú que siempre me recuerdas las cosas que merecen la pena y no, tú que tardas en arreglarte 1 hora, y yo te tengo que esperar como si nos hubiéramos cambiado los papeles y tú fueras la chica y yo el chico en el prototipo de pareja, tú que eres más familiar que yo, y has sabido sacar una parte sensible que creía perdida para siempre, mis principios que en nada tienen que ver con los tuyos aunque a veces se parezcan, nuestras pasiones que a veces se cruzan pero nunca se juntan, tu fascinación por comer y la mía por preparar juntos platos deliciosos. Tan distintos en las cosas inmateriales, que realmente me he planteado si podemos ser compatibles a largo plazo, y parece que sí, que seguimos complementándonos bien, que aprendemos de la otra persona lo que nos gustaría tener en nuestra vida, ayudándonos a ir creciendo y forjar nuevas maneras de pensar y actuar en nuestra persona particular. 

Eres mi polo opuesto, aunque puedo encontrar otra persona que lo sea aún más, eso seguro, y supongo que esa fuerza magnética que tienes es la que me atrae a ti y me hace más fuerte. Seguro que si estuviera con una persona de mi mismo polo (no sé si soy negativo o positivo) me terminaría aburriendo y pasaría al siguiente imán, aún así, necesito, y supongo que no seré la única, coincidencias en nuestra forma de vida. Aquí están esas partes de ti y de mí que se parecen, las que se entienden sin hablar y que con un codazo se entienden. Viajar, siempre decimos que sería la opción si nos tocase la lotería, comer en la cama, un básico para cuando vivamos juntos, da igual las migas, las manchas y tener que levantarnos luego para lavarnos los dientes, una película con palomitas, sea cual sea, sin palomitas una película no sabe igual, los amigos y la importancia que les damos en nuestra vida, creo que es uno de los principios en los que coincidimos al 90%, lo que significan para nosotros, la necesidad de estar con ellos y compartir experiencias que solo sea algo con ellos, y digo 90% que no 100% porque sabemos que mi mentalidad sigue viviendo en el mundo de yupi y creo que mis amigas y yo seguiremos como cuando estábamos en el instituto toda la vida, mientras que tú sabes que no, que hay que adaptar las relaciones amistosas al momento que se vive, y que todo cambia. Por las mañanas en lo único en lo que nos parecemos es en que nos gusta que nos despierten con besos y tranquilidad, pero yo soy la de la alarma y la que sube la persiana, y tú el que se esconde debajo de las sábanas. Para desayunar tú eres de colacao y yo de café, tú de tostadas con tomate y sal y yo solo con aceite. Pero coincidimos en que el mejor desayuno es el de un hotel con buffet libre, sin duda. 

El punto en el que coincidimos de manera rotunda es en que nos gusta ser felices, como a cualquier ser humano supongo, pero también coincidimos en la manera que nos gusta de ser felices. Cuando todo está en calma, con la conciencia tranquila, todo fluye, y hay más amor. Creo que eres mi polo intermedio, algo así como la X de mi vida, no sé qué tipo de polo seré yo, pero sé que tú no eres mi opuesto ni mi coincidente, eres como el polo intermedio, el que me atrae con fuerza a crecer, a aprender, a ver, y el que me empuja por sus opiniones, su falta de originalidad y su olor de pies. Eso sí, sin duda eres el imán más bonito que me ha atraído en la vida

Hasta Hércules tenía punto débil

Parece fácil. Es fácil. Podría hacerlo. 

Todos me dicen que bueno, las cosas se acaban, los sueños cambian, a veces se alcanza la cumbre de algo, a veces nos imaginamos las cosas de una forma que no acaban de encajar con la realidad, o con las imaginaciones de otras personas. Podrían tener razón; es más, sé que la tienen. Tienen la puta razón y debería hacerles caso, pero joder, no tengo los huevos necesarios para ello. No puedo, ni sola, ni acompañada, ni aunque me lanzarán contra ello. Soy bastante fuerte, se podría decir que demasiado dura a veces, pero todos tenemos un punto débil, son hermanos, son novios, amigas, canciones, lugares…cada uno tiene el suyo, ¿no tengo derecho yo al mío? Lo tengo. Y me mata por dentro por tener derecho a él, porque es lo que más me destroza y a la vez lo que más temo perder. Es confuso de entender, supongo, para quien no está dentro de mi cabeza, pero no puedo explicarlo, es mi jodido punto débil, lo que me hace flaquear, por lo que perdería una y otra vez, y lo estoy haciendo. He renunciado a tantas cosas, a tantos trabajos, viajes, planes, me he distanciado de personas, he regalado mi tiempo…y lo volvería a hacer, sin cambiar nada, absolutamente nada. Estando en el punto en el que estoy ahora, pisando las arenas más movedizas de mi vida y doliendo como duele ahora, volvería a repetir cada paso que he dado y junto a quien lo he dado. No sé si esto es bonito, o ya he cruzado al lado de la absurdez y estupidez, siempre he sido muy extrema.

Poco a poco se ha ido destruyendo todo, poco a poco se ha ido derrumbando ante mis ojos y ante los de los demás. Los finales son una de las pocas cosas seguras en la vida, y soy consciente de ello, por eso no debería sorprenderme todo esto, y aún así, aparte de sorpresa, me causa pavor. La base de mi felicidad, mi seguro de vida se…va…se…desmorona…lo pierdo. No viene de unos días, ni mucho menos, una cosa tan grande no podría plantearse en mi cabeza solo en unos días, lleva meses rondándome los pensamientos, y aunque lo he querido apartar, últimamente se me hace bastante complicado, aparece demasiadas veces al día para no prestarle atención. Puede que sea lo que más me piense de toda mi vida, o hasta el momento, es a lo que más vueltas le estoy dando, y nunca gasto demasiado tiempo en tomar decisiones y actuar, pero esta situación creo que lo merece, y aunque no lo crea, me da tanto miedo que estoy esperando a aceptar lo que tengo que hacer, y hacerlo. 

Estoy tan desbordada, que lo cuento a la gente, no todo porque temo sus palabras si lo hago, pero no puedo guardarme dentro tantas dudas ni tanto malestar, lo paso mal. Y cuando esas personas, elegidas meticulosamente, me dicen lo que debo hacer, no quiero escucharlas, o las oigo pero no les hago caso, hasta lo saben ellas. Saben que es mi decisión, que hace demasiado tiempo tenía que haberla tomado, y por ello, saben que por mucho que me digan haré lo que quiera, como siempre hago. Esta vez está siendo distinto, las estoy escuchando de verdad, sí, sus opiniones, parece que no logro borrarlas y aparecen en mis pensamientos. Esto, a decir verdad, no me ayuda nada a convencerme a mi misma de qué narices hacer con mi vida. Solo carga la balanza hacia el lado que no quiero cargarla… y la voy a cagar. Me va a llevar más tiempo incluso del que llevo invertido en pensarlo, pero al final, habrá final, nunca mejor dicho. Las cosas acaban para dejar paso a otras nuevas, lo aprendí de un libro de feng shui, que si todo lo que tienes es antiguo, y lo sigues guardando aún cuando no te hace sentir bien, eso mismo hace que no te sientas bien, que no dejes paso a cosas nuevas que traigan tranquilidad y felicidad. Debería aplicarme el cuento, o el libro en este caso. Tengo mucho miedo, soy una cagada, y aunque parezca mentira, lo sé y me lo digo a mí misma, pero eh, estoy haciendo cosas al respecto, porque siempre me han dado un poco de miedo ciertas atracciones, las que tienen pendientes como los fiordos, el boomerang y cosas así, y gracias a ciertas personas, me he tirado por ellas en estas últimas semanas, igual es una tontería ¿no? Prefiero pensar que me ayudará personalmente.

No quiero dudar más porque así no supero nada, si al final es que sí, pues vamos para delante y tiempo al tiempo que todo se solucionará, y si es que no, pues tonta de mí que seguiré apechugando con decisiones equivocadas, pero por lo menos tendré algo claro y podré estar a solas conmigo misma sin tener miedo a hablar con mi cerebro y mi corazón a la vez. Es una mierda esos minutos de los tres a solas.

No lo puedo dejar más. No es el día hoy, pero quizás mañana, o pasado, esté preparada para ello y consiga el valor que necesito para ello.

Te animo a ser fuerte, hasta Hércules tenía punto débil y supo ser feliz

Hoy te han decepcionado

Al final la lista puede que ocupe ¼ de la hoja, y las 3 páginas que habías escrito las puedes arrancar con todo el gusto del mundo y quemarlo. Así podemos apartar de nuestra vida a quienes no nos aportan nada bueno, a quienes son personas tóxicas y por las que no debemos perder más tiempo.

​La decepción es uno de los peores sentimientos que puedes tener. Duele, se queda anclado, y algo clavado en el corazón es muy difícil olvidarlo. 

Es fácil que la gente nos decepcione en el mundo en el que vivimos, donde vale más tener unos tacones más altos que la de al lado, y unas tetas más grandes que todas las de alrededor, donde cada uno mira por si mismo y si nos queda tiempo, pensamos un poco en los demás; con personas así sueltas por la Tierra es más que probable que te decepcionen. Existen ciertas personas que te hacen pensar que no todo el mundo es así, que no te van a decepcionar y mucho menos tú a ellas. Existen, sí, igual tú los encuentras entre tus amigos, los tienes en tu familia, a lo mejor es tu compañero de la infancia, no sé, pero sabemos que hay personas por las que pondríamos la mano en el fuego y no nos quemaríamos si alguna vez hiciera falta. Pues bien, he de decir que aún así, aun creyendo ciegamente en una persona, apostando todo por que nunca te fallará, habiendo pasado años, momentos y verdaderos obstáculos juntos, llegará un día en el que te decepcionará. Y ten por seguro, que llegará. Siempre llega, todo el mundo puede decirlo, que si me dejó por mi mejor amigo, que si me tachó de mentiroso delante de todos los demás, que si no obtuve respuesta cuando de verdad llegaron malos tiempos, y un sinfín de ocasiones en las que descubres que no todos los que tienes alrededor merecen tanto la pena. 

Llega un día en el que falla, en el que te estalla una bomba, en el que te duele por dentro más que cualquier desamor. No es un despiste ni una tontería, al contrario, se perdona antes un olvido de cumpleaños que una decepción. Es algo tan fuerte, que pesa demasiadas toneladas. Y una vez que ocurre, ¿qué haces?, ¿cómo reaccionas? La duración del shock dependerá de lo confiado que estuvieras de esa persona, y no por confiar como un ciego en los demás nos decepcionan más ni mejor, la calidad de la decepción puede ser mucho más potente en alguien que no suele confiar a la ligera en los demás. Esas duelen más, cuando consigues tener confianza con una persona, cuando la crees fiel y después de todo lo que te costó llegar a ese punto de confidencialidad, de buenas a primeras, o ya viéndolo venir, deja el sitio que tenía en tu vida, y baja al que le corresponde. Sin más pinceladas ni velos que tapan, una decepción te puede venir de quien menos te lo esperes, y aún sabiendo esto, hemos de confiar y no dejar que la sociedad se salga con la suya. Prefiero pecar de  inocente, que estar siempre alerta a ver quién me va a fallar esta vez. Que lloras cuando te lo hacen, sí, que piensas que te va a costar horrores volver a confiar en otra persona o seguir confiando en las que ya lo haces, puede, pero no serás la primera ni la última persona a la que decepcionan, así que, intenta superarlo lo antes posible, y digo superarlo, que no olvidarlo, porque todo lo que se olvida está destinado a pasar de nuevo, en cambio, si superas vivirás feliz y si no olvidas podrás seguir siéndolo más tiempo. 

Aprender de una decepción es lo único positivo que tiene. Puedes tachar nombres de la lista de personas por las que te jugarías el cuello. Al final la lista puede que ocupe ¼ de la hoja, y las 3 páginas que habías escrito las puedes arrancar con todo el gusto del mundo y quemarlo. Así podemos apartar de nuestra vida a quienes no nos aportan nada bueno, a quienes son personas tóxicas y por las que no debemos perder más tiempo. No somos tontos, y sabemos cuando algo falla, por mucho que se encubra con palabras bonitas, con lágrimas en los ojos o con caricias protectoras, una decepción es una decepción, y nunca nadie sale bien parado de ellas. El corazón se hace duro por cosas como estas, y que esté duro no está mal, porque quien merece la pena, sabe que lo que un día fue blando y hoy es duro, hay que tratarlo con más amor.

Te quiero, me quieres, pero no nos queremos

“Amor es lucha y constancia, amor es vacilar y dudar a veces, pero volver a elegir lo que se tiene, amor es amar y doler, pero poner tiritas donde acabamos de crear sangre. Amor somos nosotros, y nos quiero”

Somos caos, somos un remolino gris que gira a toda velocidad, y no nos podemos parar ni nosotros. Es cierto, que no somos un modelo de pareja diez, que últimamente las cosas van más mal que bien, es verdad que sabemos que lo mejor es dejarlo. Dejarnos, dejar todo atrás, convertirnos en recuerdos, en las lágrimas de los próximos meses, y “su ex” que pronunciarán otras bocas, debe ser duro, en serio lo creo, no sé cómo me comportaría llegados a ese punto, ya que jamás he conseguido querer a alguien como lo he hecho contigo. Te quiero. Me quieres… pero no nos queremos juntos. Somos un baúl lleno de cosas mal colocadas, somos una chaqueta de temporada llena de girones y puede que ya no estemos ni de moda. Parece sencillo, dejarnos ir, soltarnos y seguir caminos distintos, y eso que nunca hemos sido de caminar por el mismo sendero, tú eres más de pasear descalzo por el césped y yo más de bailar por la acera. Nunca fuimos compatibles, a veces lo parecíamos, a veces fingíamos serlo, y lo hacíamos bastante bien, para que engañarnos, ganas de contentar al otro nunca faltaron…hasta ahora. Te quiero. Me quieres… pero últimamente no nos queremos, y hasta tú lo sabes, que siempre eres el que más fé tiene en las cosas nuestras, si tú la pierdes, no nos queda nada. Y veo un atisbo en tus ojos de ello. Puede que no quede nada más por probar, que hayamos acabado las noches de hotel llenas de juegos y sexo, y las miles de preguntas sobre mi que nunca respondías bien. Es raro, puedo imaginarme sin ti, porque ya he estado así tiempo atrás, y sé que volvería a mi ser, entonces, ¿qué me asusta? Tú lo tienes bastante claro, el miedo a no ser capaz de estar sin mí te tiene aterrado, más que el hecho en sí de que yo no esté, y a mi me da miedo todo lo contrario, creerme fuerte y dura, y acabar llorando todas las noches en mi cama. Somos distintos hasta en eso. Me quieres y te quiero, nos queremos distinto, yo más puro, tú más intenso, yo más “tengo todo el tiempo del mundo para estar contigo porque te quiero para siempre” y tú más de “quiero compartir todo contigo, hoy, ahora y siempre, pero mejor esta tarde”. Y cuánto han durado nuestros amores conviviendo en el mismo espacio y tiempo, cuando seguro que no se habrían guiñado un ojo si se hubieran visto por la calle; si no fuese gracias a nosotros, a nuestro empeño de hacerlo posible de querer siempre saltar todo lo que se ponía por delante, y nuestra obsesión de querer estar juntos. Nos queremos, puede que sea así, puede que no sean te quieros separados, dichos de una boca y recibidos por otro oído, puede que sea un nos quiero, dicho de una boca pero destinado a dos personas, puede que nazca la misma frase de dos corazones separados, puede que no haya diferencia entre mi tipo de amor y el tuyo, puede que sea posible convalidar tus tardes de amor con mis domingos cariñosos, puede que al fin y al cabo solo importe la lucha y el fin común; puede que tengas razón.
Tú con tus locuras en la cabeza, con tus pensamientos a lo grande y con querer hacerme feliz. Tú que lo quieres todo conmigo y hace algún tiempo pensaba que no tenías límites por mi. Tú que me besas en la frente tantas veces como entre las piernas, tú que buscas tu sonrisa con mis actos y pides a gritos atención. Tú que me amas, tú que serás el hombre más bueno que ha pasado por mi vida, tú que siempre serás tú, el verdadero y primero en todo lo importante. A ti es a quien quiero en mi vida, y solo tú me haces saberlo, porque cuando más fuerte me creo me demuestras que soy débil, que tú lo sabes porque me conoces y que mi armadura ya la rompiste hace mucho tiempo. Cuando estamos bien, somos increíbles, creas tanta magia que por mucho que me empeñe no podría explicárselo a nadie, cuando somos nosotros, los verdaderos, los que se quieren a rabiar, creo en nosotros como en nada más, y nos veo capaces de todo, sin mentiras, sin voces alzadas, sin ojos vidriosos, siendo reales, pero reales juntos. Cuando esos momentos escasean, todo se me viene abajo, soy así, lo dice mi signo del zodíaco, tan pronto estoy arriba, que una sola palabra hace que se tambaleen todas mis ganas de luchar por algo, y es así, tú lo sabes porque lo has comprobado, no vivo de acuérdate del día que te hice esto, sino de mañana no hagas planes que tengo una sorpresa, me rijo más por lo que hoy y mañana hace la gente por mí, que por lo mucho y maravilloso que hicieron en el pasado. Soy así, no sé si es bueno o malo, pero me elegiste hasta con esa tara, y supiste mimarla que hasta ese fallo votaría a tu favor en cualquier juicio craneal.
Cuán de enamorado estás, y cuán feliz me hace, más incluso de lo que sé ahora mismo. Cuánto vale la pena que guerreemos por un nosotros. Pocas veces tienes razón, porque esa cabeza tuya se desequilibra rápido, pero cuando pasa, te ganas todo. Me levantas hecha añicos, vociferando en tu contra, con la barbilla alta aunque no me sienta orgullosa, tirando la toalla y mirando hacia otro lado; pero ahí estás tú, cargándome a tu espalda cuando eres el más herido, razonando mientras lloras y abrazando un cuerpo que no te lo pide. Así eres tú, la carretilla que transportaría nuestros pedazos hasta Roma solo por vernos renacer, y así me haces quererte. Quererte a ti, quererme a mí, y querernos. Pones tanta pasión en las razones que tienes para creer una vez más, tu voz es tan segura cuando abofeteas mi estúpida desgana que es imposible no seguirte si me ofreces tu mano. Eres el “y una” que está tatuado en mi piel, sin necesidad si quiera de tinta, ¿ochenta? Tú ochenta y una, ¿mil? Pues mil y una… las veces que sean necesarias para conseguir estar juntos para siempre.
Eso es amor. No regalar el ramo de rosas más grande del mundo, ni la sudadera más cara de FootLocker, amor es lucha y constancia, amor es vacilar y dudar a veces, pero volver a elegir lo que se tiene, amor es amar y doler, pero poner tiritas donde acabamos de crear sangre. Amor somos nosotros, y nos quiero.

Como si fueras todos los elementos

Como la luz y el día, te sientes fuerte y flan a la vez, dura como una piedra con la que siguen tropezando sin querer al pasar, con quien tener momentos de paz y, al momento, no saber ni quién es. Eres fuego contenido, deseando que alguien te prenda con una cerilla, deseando dar todo lo que tienes y poner tu piel a disposición de quien esté dispuesto a aprender, deseando sentir el sabor de un café al lado del mar, o el tacto de una sábana recién estrenada. Guardas tanto dentro que ni tú misma sabes el almacenamiento que posees, tienes fuego, pero también agua, chorros y chorros de libertad deseando desbordar las almas de quien se abra a tu paso, y eres aire, el más suave y puro que pueda existir, brisa cálida para días fríos, y el viento más fresco si hay calor verano. Eres tierra también, lugar donde la gente deja su huella cuando se va, pero que está deseando criar nuevas hierbas, dar terreno a las nuevas vidas, y estabilidad a quien quiera comenzar a andar sobre ti.
Eres belleza pura en todos los estados, solo hay que descubrirte. Te dejas seducir con las palabras que te gustan, y eres fácil de engatusar, puede que en realidad quieras dejarte hacer. Eres creación para dar felicidad, pero no te saben aprovechar, tan dulce y tan salada, que no podría haber nada más equilibrado, aunque siempre serás imperfecta. Dudas, lloras, rabias, y duermes, pero de forma tan bonita, que ni eso se te puede recriminar. Sueñas, tan alto que a veces hasta tú misma te asustas, y te entra vértigo, el cual es tan difícil disimular que pareces callada aunque hables, y ausente aunque presente. Solo necesitas a alguien, tu igual, que sepa lo que te hace falta, que sepa llenarte de aquello de lo que careces y darte impulsos que te hagan sentir que no estás sola y la compañía te quiere solo a ti. Necesitas aceptación, sentirte útil y te creces, das todo lo posible, y sin peros, te abres te haces natural y te conviertes en los elementos que puede derivar un ser humano más palpables. Eres bella tal cual eres, sin tapujos ni maquillaje, sin rodeos ni ramas, eres tú, árbol al que se van a posar los pájaros exóticos, porque así lo quieres tú y no buscas otros. Como si te hubieran encomendado una misión ancestral y te sintieras en posesión de regalar tu tiempo y tu espacio a aquellos que lo piden, teniendo una vida finita no te importa errar por personas que no se lo merecen, y sigues creciendo como un tsunami que no ve fin y se lleva todo por delante, dejando marca con nombre propio y siendo devastada tú, en vez de los demás, quedándote en simple espuma varada a la orilla de una playa por la que, a veces, nadie pasa. Aún así, sigues siendo hermosa.

No sé que se merecen

Depende cuánto insomnio estés dispuesto a aguantar, y cuánta fuerza de voluntad tengas. No es trabajo para débiles, hay que creer firmemente en lo que estés haciendo.

Da razones para que confíen en ti, para que seas un incondicional, sin dudar, primeras posiciones en la lista. No les des ninguna razón para que haya quejas, no dejes que tengan posibilidades de atacar alguna acción tuya, y ve siempre de cara, sin extrañezas ni escondrijos, únicamente siendo tú al máximo. Sin rencores por problemas pasados, sin pensamientos negativos hacia nada ni nadie, aunque siempre fiel a tus principios e ideales. No podrán contra ti, no habrá malas palabras que te identifiquen ni reproches con tu nombre. Habrás ganado una de las batallas más difíciles, la batalla de eliminar lo que duele en tu vida.
Es una lucha interior, realmente, un duelo a muerte entre tus sentimientos, entre tu cabeza y tu corazón. Y la única solución es la paz entre ellos tomando una única decisión. Seguir a tu corazón a ciegas, sintiendo rabia, sintiendo dolor que es lo que se merece quien te hiera, miradas llenas de odio, palabras que se quedan en el aire… Pero sintiéndote mejor contigo mismo por darle su merecido a quien no fue bueno con nosotros. Podemos apostar por la mente, la que dicta lo más correcto, y piensa antes de actuar. Debemos saber estar por mucho dolor que nos hayan infringido otras personas, no dejarles que nos vean mal, que sus acciones en nuestra contra no nos han influido lo más mínimo en la continuidad de nuestra vida, y que si ellos eligen llevar ese estilo de vida, allá ellos, pero que no estamos a favor de seguir tratando con gente así, y menos que nos afecte a nuestra vida. Viviremos con el alma tranquila, aunque nos sigan afectando ciertas cosas que estén ligadas a las personas de las que intentamos deshacernos, pero las noches serán para dormir y no para comernos la cabeza. Depende cuánto insomnio estés dispuesto a aguantar, y cuánta fuerza de voluntad tengas. No es trabajo para débiles, hay que creer firmemente en lo que estés haciendo.

¡Tachan! has encontrado el pequeño hueco que había en mi armadura

Yo ya era yo antes de conocerte, y me había estado haciendo sola mucho tiempo, al igual que tú ya eras tú mucho antes de mi, y otras habían intentado hacerte. Ahora me sigo haciendo sola, pero no es lo mismo cuando alguien te mira mientras te creas y te ayuda a hacerlo.

Te nombro amor de mi vida oficial. Sin paréntesis, asteriscos , ni notas a pie de página, lo eres y ya está. Llegaste a mi vida como todo amor lo suele hacer, sin avisar, sin un cartel aclaratorio, ni un simple curriculum, tú, así sin más, con tus zapatillas número 43 y esos ojos que cambian de color. Llegaste, con el corazón dolido, y aún así, fuiste tú quién apostó por un nosotros primero, porque siempre has sido de hacer las cosas sin pensar, y ahí estaba yo con mi coraza resistiendo una vez más, sin ataduras, independiente y fugaz, creyéndote loco y tomándome a la ligera todo lo que sentías. Poco a poco eras capaz de ir resquebrajando mi escudo y te quedabas en mi cabeza por las noches, me hacías encontrar excusas para verte, creando en mí la ilusión de los principios. Tú que no me debías nada ni tenías ningún trato conmigo, me esperabas aunque me fuese, estabas pendiente de mí aunque yo denegase tu actitud cierto tiempo, me convertías en especial sin yo serlo. Eres el defensor de”el que la sigue la consigue” y yo un claro ejemplo, por lo que se ve, porque no paraste ni me diste por vencida en ningún momento, por mucho que me hiciera pasar por tía dura y muchas largas que te diera a todos los planes serios que se te ocurrían. Y ¡charán! Un día me di cuenta de que te habías incrustado como una lapa en mi interior, que habías luchado por crearte un huequecito en mi corazón y lo habías conseguido, sorprendentemente, me levanté sabiendo que había crecido algo en mi interior, aunque me siguiera haciendo la tonta dos días más, y resulta que, sigilosamente, te habías conseguido meter por el agujerito escondido que había en mi armadura y yo no quería echarte. Aunque pensábamos distinto acerca del amor, ahí estábamos, que aunque no enamorados, sí conectados, y aunque no mágico, sí brillante. Un corazón que venía con un vendado sangrante tenía la fé de embaucar a un corazón fuerte, sano y con dos únicas cicatrices, era una locura pensar que, al final, se saldría con la suya. Tanto que te había criticado tu otra relación, tantas cosas que fallaban entre nosotros, y nada importó para que un día de verano me sentara contigo en un césped a decir que quería estar contigo. Yo, sí, yo, quien te había dado un no a tus preguntas escondidas que conllevaban sentimientos, sí, yo, que era totalmente anti preocupaciones sentimentales y no estaba hecha para ramos de rosas, sí, pues ahí estaba yo, delante de ti, con un push up con etiqueta para hablar también con tu subconsciente sin que te dieras cuenta, y cuando nos levantamos, ya no éramos dos personas que se atraían, éramos dos personas que se tenían.
No tenía todas conmigo, he de decirlo, ni creía 100% en que algo como aquello funcionase a la larga, pero en ese momento, me gustabas y yo te gustaba, me cuidabas y tú me preocupabas, nos gustaba estar juntos, y había alguna mariposa que otra en nuestros estómagos volando en libertad. Y me seguiste sorprendiendo, ya no con tus detalles, tus palabras y tus sonrisas, sino viendo como me ibas quitando la barrera, con cuidado y cariño, y adentrándote en las oscuridades de mi interior. Querías, y yo también. Nos íbamos descubriendo, creo que yo más que tú, ya que no solo te iba conociendo en tu totalidad a ti, sino que a mí misma también, lugares en los que nadie jamás había estado antes, sentimientos que nunca habían crecido tanto, y pensamientos que ni si quiera habían tenido el valor de nacer. Nos hicimos increíbles, el uno al otro, nos limpiamos por dentro para tener más espacio y albergar más cosas; nos hicimos felices, la palabra perfecta en el momento exacto y el cariño más sincero; nos hicimos el amor, como nunca antes lo habíamos hecho, puro, pasional, sincero y sin tapujos; nos hicimos reales, tristes, locos, enfadados, resfriados; nos hicimos y nos seguimos haciendo, no quiero que nadie más te vea en tu totalidad, que te conozca hasta los tobillos, que nadie más sepa con qué luz te ves más verde o más azul, ni te toque la espalda cuando ves una película.
Yo ya era yo antes de conocerte, y me había estado haciendo sola mucho tiempo, al igual que tú ya eras tú mucho antes de mi, y otras habían intentado hacerte. Ahora me sigo haciendo sola, pero no es lo mismo cuando alguien te mira mientras te creas y te ayuda a hacerlo.

Alegría infinita

A todos nos gusta ser comprendidos, ser útiles para otros, ser reconocidos, ser importantes para otros, ¿verdad? Creo que las personas solemos ser muy distintas las unas de las otras, pero en esto nos parecemos, que es sano sentirnos reconocidos e importantes, que el ego, sin exceso, nos reconforta y nos puede hacer hasta felices. ¿Tiene algo de malo que nos recuerden que hacemos las cosas bien? ¿No es correcto sentir felicidad si alguien confía en nosotros antes que en cualquier otra persona para algo?
Yo tengo una pasión, la antepongo ante cualquier cosa, intento aportar todo lo que puedo a ella y ser todo lo buena que puedo en ella. He de reconocer que un alto porcentaje de mi felicidad depende de ella, culpa mía, lo reconozco, sé que la felicidad no puede depender de una única cosa o persona, pero soy tan feliz haciendo lo que me gusta que no tengo fuerza para apartarlo ni un milímetro de mí. Realmente puedo decir que sé lo que es ser feliz, sentirse llena, capaz de todo, sé qué se siente; y si algo o alguien te ha aportado eso, no es lógico dejarlo ir. También sé lo que es estar increíblemente triste, sé lo que es llorar y sentir el vacío. Suena antagónico, pero si se piensa no lo es, lo que te da felicidad es lo único que te puede dar infelicidad, si algo te hace feliz, cuando no esté, esa felicidad tampoco estará; si alguien no nos importa y se va de nuestra vida, simplemente eso, se va, no deja ningún vacío, en cambio, una persona a la que queremos siempre nos creará un hueco, siempre se llevará un poco de nuestra felicidad, por un tiempo. Pues esto no solo pasa con las personas, toda cosa que nos produzca alegría, también nos producirá tristeza, y ese es el gran poder que tienen las cosas a las que nos regalamos, que nos pueden destruir, no solo construir.
Llamémoslo “alegría infinita”, no sé si lo tuyo será una persona, un conjunto de cosas, será dinero, salud… Mi “alegría infinita” realmente es infinita, lleva tanto tiempo en mí que la siento infinita; no porque no tenga unos bordes, sino porque no veo su duración. Me esfuerzo muchísimo por ella, por lograr que llegue a mí, y a veces es sencilla, pero me vale. La siento por momentos, incluso la siento en segundos, y me siento útil haciendo cosas por mi alegría infinita, me acostaría a las 4 de la mañana todos los días haciendo cosas relacionada con ella, me levantaría a las 5 si fuese necesario, no lo haría a disgusto, no lo haría enfadada, me gusta hacerlo. Soy feliz haciéndolo. Siempre estoy operativa para ella, para lo que se necesite. Podría decir que si me lo pidiesen, dejaría todo si el objetivo es alto y con mi alegría infinita, no habría miedo, no habría dudas. No quiero verme sola, sin ella. Pero…poco a poco…la voy notando más sucia, más ennegrecida, ya no está rica. Y sigue ahí, no se ha ido, que es lo extraño, está donde siempre, y ni ella ni yo nos hemos movido. No sé qué ha ocurrido, si ha sido ella, si he sido yo quien se ha transformado, quien se ha roto… Pero ya es mi tristeza infinita, aunque no lo reconoceré nunca. Es lo que más triste me hace estar… es la que hace que me pase la noche dando vueltas, es la que humedece mis ojos, la que está en mi cabeza todo el rato. La veo sonreír de vez en cuando, me hace algún guiño para que siga teniendo esperanza, para que parezca que sigue siendo la misma alegría infinita de siempre y que nada ha cambiado… No es así, yo quiero que sea así, pero no lo es. Nunca reconoceré que ya no tengo alegría infinita, porque eso me regalaría a la tristeza infinita, y soy una persona con esperanza, llámame tonta. Estoy justo en ese punto, en ese sin saber, en la línea que separa mi alegría infinita de mi tristeza infinita y tengo los pies demasiados pequeños para una línea tan grande. Si algo que no te hace feliz, no debe estar en tu vida, ¿no es así?, pero eres incapaz de deshacerte de tu alegría infinita, normal. Yo me pregunto ¿se puede vivir ahí? Espero que la respuesta sea sí, aunque sé que realmente es un no, solamente se puede sobrevivir habiéndote dejado en una tristeza infinita disfrazada de alegría infinita.